¡Es el momento de amar y servir!


Publicado por MP | Martes 22 de Enero de 2019

 

Realmente asumir y enfrentar todos los obstáculos presentes en nuestro país es un reto: carecer de efectivo para que los docentes, directivos, obreros y administrativos lleguen hasta la escuela, en carritos, autobuses y camiones donde dejamos los hilos de nuestros pantalones; la escasez de alimentos en nuestros hogares: ¡abrir la nevera nos genera tanta angustia, verla tan blanca, limpia y resplandeciente! Sin embargo, nos mantiene unidos la llama de la esperanza. Esta última la podemos ver todos los días en los ojitos de los niños, niñas y jóvenes de la escuela. Diariamente nos damos fuerzas y miramos hacia dentro de nuestros corazones, buscando razones para no desistir, y con solo salir al patio en el receso vemos cómo tenemos trabajo de sobra (para ganarnos el pan que pedimos a nuestro Señor mediante el Padrenuestro). El padre Vélaz, en su espíritu indomable y visionario, nos delegó tan loable labor, que no podemos dejarla a un lado, a pesar de las circunstancias.

En medio de las dificultades, en un camino lleno de piedras y desvíos, los directivos de las escuelas y centros educativos de Fe y Alegría tenemos el gran reto de “tragar grueso” por nuestra realidad, “sacudirnos los zapatos” después de caer, “llorar con todos”, “secarnos las lágrimas” y continuar haciendo lo que nos toca hacer: alumbrar el camino de los que acompañamos y llevarlos a todos con mucha fe a mejores momentos, recordando siempre que Jesús de Nazaret no nos desampara en su infinita misericordia.

Ya la ubicación de las escuelas no nos preocupa, muy por el contrario, decimos con orgullo que estamos donde se acaba el asfalto o donde apenas este asfalto va llegando. Sabemos con seguridad que todo cuanto vaya a pasar, solo Dios lo sabe y estamos conscientes que lo superaremos y que, en cuanto a los muchachos y sus familias, siempre tendremos una mano amiga.

Ahora bien, acompañar en tiempos de crisis implica generar procesos reflexivos en personas que no cuentan con las condiciones mínimas requeridas para estar tranquilas: la falta de comida, la carencia de agua, luz y dinero son temas álgidos que nos afectan de manera contundente, hasta el punto de no asistir al trabajo o no dedicar tiempo suficiente para solventar las necesidades de nuestros estudiantes. Hace poco tiempo generábamos encuentros de paz e interioridad en el personal, sacándolos de la rutina diaria y llevándolos a espacios mágicos, con climas ensoñadores como el de los andes venezolanos, con dinámicas llenas de la firme intención de drenar y reinventar el personal desde su esencia como personas y brindar a los centros educativos aquellos líderes llenos de sueños, metas y propósitos. Ahora, estamos ante una realidad en la que tenemos la visión de ingeniar y promover en ellos la reingeniería y la tan nombrada resiliencia: caer y levantarse, equivocarse y enmendar, aprender a disculpar, llorar y secarse las lágrimas, no sentirse solo y simplemente caminar de la mano de Dios, puesto que solo Él nos da la fuerza y el aliento para extender la mano al que más lo necesita, muy a pesar de nuestras carencias.

No perder la esperanza, las ganas de soñar y de seguir cantando. Cada una de nuestras escuelas tiene hermosos patios; por ejemplo, la mía tiene un hermoso patio lleno de arena que cuando llueve se convierte en una gran laguna donde mis muchachos aprovechan para jugar y reír libremente. Las risas de los jóvenes de nuestras escuelas han de ser las bujías que permiten que la chispa encienda el motor. Toda dinámica pedagógica diferente que se proponga hay que darle cabida, es el momento de hacer las cosas diferentes, de escuchar con atención sin predecir las siguientes palabras de nuestra gente; es el momento de acariciar con la mirada, recibir el lunes temprano con alegría a todos y extender la mano para levantarse y continuar trabajando… ¡Es el momento de amar y servir!

Por: María González de A.

E. T. “Nueva Venezuela”

Fe y Alegría-región Occidente