Jugar es una cosa seria o la Educación Inicial más seria de lo que parece


Publicado por MP | Viernes 09 de Noviembre de 2018

Hace muchos años a esos centros educativos que hoy llamamos de Educación Inicial, los conocíamos como Jardín de Infancia. ¡Qué bien estaba puesto ese nombre! Jardín de infancia. Me gusta seguirles diciendo de esa manera, porque así deben ser: un jardín, con exquisitos aromas, muchos colores, flores, abejitas llevando alimento de un lado al otro, atrayendo picaflores, sirviendo de espacio de juego para niños y niñas, y unos adultos cuidando de cerca que no se caigan, respondiendo sus preguntas… Así deben ser los centros de Educación Inicial (EI), la entrada al sistema escolar, siendo una etapa muy importante, puesto que se absorbe como esponja, todo o casi todo.

Recientemente se celebró la Semana de la Educación Inicial. Tal vez mucho no lo recordaron o ni lo sabrían, o quizás pensaron “¿para qué hablar de esto en un país donde casi nada parece estar en su santo lugar, en medio de inundaciones “normales”, sueldos con soberana devaluación y sin transporte, ni escolar ni de ningún tipo? Pues precisamente por lo mal que está el país hay que insistir en poner la vida, los derechos los niños y niñas, sobre la palestra pública para que no se olviden.

Insistamos, por ejemplo, en la obligación por parte del Estado de universalizar esta etapa. O sea: todos sin excepción, deberían poder estudiar, inscribirse y recibir educación en una escuela o institución oficial de carácter gratuito y cercano a su residencia, como reza el artículo 53 de la LOPNNA. Y ya empezamos mal. ¿Cuánto tiempo hace que usted y yo que no sabemos de centros educativos nuevos? ¿La Misión Vivienda se ha acordado que debe hacer jardines de infancia? Hoy con el tema de mal o inexistente transporte colectivo y la inseguridad, contar con un centro cerca de la residencia no es solo un derecho de quienes vivimos en este país: es una urgencia. Por el contrario dichos espacios, en vez de construir, se han cerrado. Supimos con tristeza que solo en una urbanización al este de Barquisimeto, durante el mes de agosto, ¡se cerraron 6 centros de EI! No sabemos cuántos más se han cerrado. ¿Dónde irán a aprender esos niños y niñas? Ante tantos problemas que existen en el país, esa situación se vuelve invisible para la mayoría.

La Educación Inicial es la entrada al sistema escolar, de ahí la importancia de seleccionar buenos, muy buenos educadores para esta etapa. Mucho cariño, mucha escucha y mucha observación, porque es el tiempo de detectar posibles problemas de aprendizaje, observar por si acaso existe algún tipo de maltrato intrafamiliar o si está ocurriendo abuso sexual, es escuchar “los sonidos del silencio”. Se nos han ido muchas maestras, pero, no se puede entregar unos niños y niñas tan pequeños a jóvenes, por ejemplo, formados en la “Chamba juvenil”. Recordemos el artículo 104 de la CRBV, que habla de los requisitos necesarios para ser profesional de la educación.

Educación Inicial es el tiempo de internalizar las normas para la convivencia, donde las rutinas escolares son importantes porque brindan seguridad al niño y a la niña. Una cosa son las rutinas y otra la rigidez. Hablamos de normas con sentido, que se vea su utilidad. Es la edad ideal para internalizar con facilidad el saludar, el por favor, dar las gracias… El respeto mutuo. El amor y cuidado por los animales y plantas.

Es el tiempo de las primeras amistades. Recuerdo que la pequeña Victoria le dijo a su mamá cuando conoció la que sería su primera escuela: “Me gusta, es muy bonita. Ahí voy a tener muchos amiguitos”. ¡Sabia la niña! Sin que nadie se lo enseñara, sabía de la función socializadora de la escuela.

Educación Inicial es también el tiempo donde jugar constituye un elemento muy importante: se aprende jugando. No solo la importancia de las normas, el juego estimula la creatividad, la imaginación. Una hojita puede ser una curiara, un gato se transforma en un tigre feroz y todos pueden ser superhéroes con superpoderes.

Educación Inicial ayuda para sembrar en los padres el interés por lo que su hijo o hija aprende. Un estudio hecho hace años en Chile y que nosotros hemos aplicado con madres de aquí señala que el simple hecho de preguntar a los pequeños “¿cómo te fue?, ¿qué aprendiste?”, a la larga mejora el rendimiento porque el mensaje que se le da a los pequeños es que los adultos estamos interesados por su vida escolar. Yo añadiría que se abre un canal de comunicación, cosa que puede resultar muy útil en casos –Dios no lo quiera – de acoso escolar o de abuso sexual. Si nos ocupamos de sus pequeñas cosas que, para ellos, pueden ser grandes cosas –como que alguien les puso un apodo o se les perdió algo- ellos se sentirán con confianza de hablar cuando algo más grande les pase. También comparten alegrías: le pusieron su dibujo en la cartelera, la maestra la felicitó por algo…

Ayuda también que los padres asistan a las reuniones convocadas por el centro. Que asistan a los “actos culturales”, aunque al niño o niña le corresponda un papel pequeño. El mensaje es el mismo: “lo que haces es importante para mí”.

En definitiva, jugar es cosa seria. Si en algo hay que invertir en país, es precisamente en esta etapa de la educación. ¿Eso lo sabrán aquellos que toman decisiones y administran dineros públicos en este país?

 

Luisa Pernalete