La Educación Popular en el pensamiento del P. Vélaz


Publicado por MP | Martes 16 de Julio de 2019

Como un homenaje al Fundador de Fe y Alegría, P. José María Vélaz, que en este 18 de julio, estamos celebrando los 34 años de su partida definitiva a los brazos del Padre, quiero intentar una aproximación a su pensamiento sobre la Educación Popular. Lo hago además en el marco de la reflexión que está promoviendo la Federación Internacional de cómo debemos concebir y fortalecer hoy la Educación Popular en Fe y Alegría.

Vivimos tiempos muy difíciles, de incertidumbre y confusión, de triunfo hegemónico del neoliberalismo y, por otra parte, surgimiento de los populismos autoritarios que en América Latina están siendo devorados por la corrupción y el afán de mantenerse a toda costa y a cualquier precio en el poder, llegando incluso a asumir conductas dictatoriales y muy represivas. En este contexto parece muy necesario que emprendamos un profundo proceso crítico y autocrítico pues muchas de estas experiencias pretendidamente populares y progresistas, asumieron el discurso de la Educación Popular, discurso que, con frecuencia, quedó en eso, en mero discurso, pues las prácticas emprendidas han ido con frecuencia en dirección radicalmente distinta. Por ello, la fidelidad a los oprimidos nos obliga a apearnos de nuestros presupuestos y esquemas mentales, y emprender una profunda autocrítica, para ser capaces de interpretar al mundo tal cual es, en sus dimensiones macro y micro, objetivas y subjetivas, y en sus interrelaciones.

Si bien el P. Vélaz hablaba con insistencia de la Educación Popular Integral, no es fácil determinar cómo la concebía, dado que la palabra popular se ha prestado siempre a múltiples y muy variados significados, e incluso ha sido campo de serios enfrentamientos, descalificaciones y ataques.

 Opción por los pobres y marginados para que se constituyan en sujetos de su liberación.

En primer lugar, no hay duda de que para él la Educación Popular de Fe y Alegría debía optar por los pobres, los necesitados, los marginados de la sociedad. Y dado que eran muchos, la Educación Popular de Fe y Alegría no debía limitarse a unos grupitos sino que debía abarcar a muchedumbres. Por ello, en la concepción de lo popular del P. Vélaz estaba implícita la necesidad del crecimiento continuo. De ahí su reserva con esa concepción purista de entender lo popular como el trabajo con pequeños grupos de campesinos, cooperativistas, grupos de teatro…: “Servir siempre a la educación de los más necesitados y servir al mayor número de necesitados, esa debe ser nuestra palpitante Cédula de Identidad”[1].

El P. Vélaz veía en la ignorancia, la falta de educación o en la educación mediocre, la raíz de la injusticia, de la pobreza y del subdesarrollo. No sin cierto utopismo pedagógico, consideraba que la educación era el medio fundamental para que la gente pudiera liberarse de su situación de miseria y dependencia, y conquistar por sí mismos sus derechos esenciales. Desde el primer momento vio en la ignorancia y la carencia de educación la fuente principal de todas las demás miserias de los que viven en la pobreza. La captación vivencial de esta realidad fue la chispa que encendió la llama de Fe y Alegría. Y será siempre la chispa que encienda la llama de todas las demás iniciativas y esfuerzos que va haciendo Fe y Alegría, a lo largo de su historia.

 Después de las visitas a los barrios de Caracas: “cuando de regreso a la Universidad hacíamos un examen del problema, del que se habían llenado a raudales nuestros ojos, nuestros oídos y nuestro olfato, nos sentíamos agobiados por la magnitud de la necesidad social que de todo corazón queríamos remediar... Nuestros diálogos terminaron en una conclusión: hacían falta casas decentes, era necesaria una mejor alimentación y para ello un mínimo de administración doméstica, la higiene, el decoro familiar, etc... Pero todo esto no se podía regalar al pueblo con todos los millones del mundo. Había que empezar por EDUCARLO... Había nacido la idea germinal de FE Y ALEGRIA”.

Esta idea germinal se ha ido después desarrollando en el pensamiento del Padre Vélaz. Desde el comienzo concibió la educación como un medio esencial de promoción social: ella permitiría a los marginados tener viviendas decentes, una mejor alimentación, higiene y decoro… Por ello, insistió siempre en la necesidad de una educación de calidad pues la “educación de los pobres no puede ser una pobre educación” o “queremos la mejor educación para los que están en condición peor”. Incluso cuando muchos le criticaban su obsesión por el crecimiento que impediría la calidad, él más bien insistió siempre en que el propio crecimiento favorecía la calidad, pues las experiencias pequeñas no generan impacto y no suelen ser tomadas en cuenta por los planificadores.

Educación para transformar las estructuras injustas

El P. Vélaz consideró pronto a la Educación Popular como el arma principal para transformar las estructuras de injusticia y favorecer la liberación de los marginados. El propósito fundamental de Fe y Alegría no se queda por lo tanto encerrado en los límites pedagógicos de unas buenas escuelas. Va mucho más allá. Pretende transformar la sociedad. Esta visión de Vélaz sobre el propósito final de Fe y Alegría va a ser de suma trascendencia para Fe y Alegría. La Educación es un medio, el medio fundamental, pero nada más que un medio. No es el fin último. Por lo tanto todo el enfoque que se dé a la educación debe estar adecuado a dicho fin. No se trata de dar simplemente una buena educación, sino una buena educación que haga énfasis en aquellos aspectos que sean más adecuados al fin, que ayuden más eficazmente a la transformación de la sociedad. De hecho, Vélaz llega a afirmar con rotunda claridad que el objetivo último de Fe y Alegría no es fundar escuelas, sino contribuir a la transformación social:

“Fe y Alegría no tiene sentido sin un constante aunque silencioso trabajo para la liberación del pueblo o, mejor dicho, para que el mismo pueblo sepa dirigir su autoliberación". “El alma de la vocación de Fe y Alegría es el decidido empeño por la transformación social a través de la educación”. “Fe y Alegría quiere contribuir con todas sus fuerzas a cambiar esta sociedad injusta, en la que el hombre marginal está segregado del saber más elemental, de la cultura, del bienestar de la preparación tecnológica, de la participación social, política y religiosa”. “Nuestro objetivo es impulsar la justicia social y la justicia estructural por la auto transformación del pueblo cada vez más educado”. “Fe y Alegría nació para contribuir a transformar el gran complejo nefasto de Ignorancia-Miseria-Sumisión, en otro diametralmente opuesto de Humanización-Bienestar-Participación”. “El propósito más denso de Fe y Alegría ha sido siempre contribuir a romper las cadenas más fuertes de la opresión popular mediante una educación cada día más extensa y más cualificada. Este es el cambio y la liberación que con tenacidad hemos elegido”. “Fe y Alegría ha nacido por encima de todo, para ir suprimiendo con paciencia, eficacia y justa indignación esta injusticia radical que cultiva en unos la inteligencia como arma de nobleza, de aristocracia y de poder y deja a otros en la debilidad y en la inferioridad de la ignorancia y en la servidumbre". “Esta es la tarea y la vocación que hemos escogido: ayudar a que los más pobres, los más despreciados de los hombres reciban una ayuda y una formación, que los impulse a irse renovando, a ir naciendo a su dignidad de seres humanos, de Hijos de Dios y a ir ocupando con su esfuerzo el lugar justo que les corresponde entre los hombres”.

La afirmación rotunda de que el objetivo final de Fe y Alegría es la transformación social por medio de la educación, ubica a Vélaz como un genuino educador popular. Sin embargo, los teóricos más connotados de la Educación Popular siempre han sentido resistencia a considerar a Vélaz como un genuino educador popular y a Fe y Alegría como un movimiento de Educación Popular, que busca la transformación social.

La Educación Popular, campo de debates ideológicos

Para entender esta resistencia, no podemos olvidar que, en tiempos del P. Vélaz, el debate de la Educación Popular se vivió con muchas tensiones en las sociedades latinoamericanas y también en la propia Fe y Alegría, hasta el punto de que muchos consideraban que no era compatible la Educación Popular que pretendía la transformación social con la educación formal cuyo objetivo era reproducir la actual sociedad. Por ello, la Educación Popular se enquistó fundamentalmente en grupos minoritarios y experiencias fuera del sistema escolar de clara intencionalidad de transformación política y social, que en su mayoría, sentían una gran admiración por la revolución cubana y la lucha armada como medio para tomar el poder.

Estas tensiones, entre reformistas y revolucionarios, se vivieron con fuerza en la Iglesia y en la propia Fe y Alegría. No olvidemos que Fe y Alegría posibilitó a muchas religiosas y laicos comprometidos a vivir el Evangelio junto al pueblo. En esos años se hablaba mucho de “inserción” y fueron numerosas las comunidades y personas que se fueron a vivir a los barrios para compartir la vida de los pobres, como lo había hecho el propio Jesús. Pero en esta inserción estaban los moderados, seguidores de la doctrina oficial de la Iglesia, con una gran admiración al liderazgo e ideas del P. Vélaz, y estaban también los radicales, cercanos a la teología de la liberación e incluso al marxismo no dogmático, que clamaban porque no se perdiera el espíritu de Medellín y Puebla y no volviera la Iglesia a aliarse con las doctrinas y grupos más reaccionarios.

Estos últimos siempre consideraron a Vélaz un reformista, y creo que su propia ideología les cegó e impidió para reconocer la carga liberadora del pensamiento del P. Vélaz. Algo semejante pienso que ha pasado con los teóricos consagrados de la Educación Popular que nunca contemplaron a Vélaz como un teórico significativo de dicha concepción e incluso siguen muy renuentes a considerar a Fe y Alegría como un movimiento de Educación Popular a pesar de ser posiblemente el más numeroso y extendido en toda América.

 No hay duda alguna de que P. Vélaz se opuso siempre con firmeza a que Fe y Alegría se alineara con los movimientos más radicales de la Educación Popular, cercanos al marxismo, que de algún modo alimentaban la lucha de clases y pretendían la transformación social mediante revoluciones sangrientas al estilo de Cuba. Por ello, fue siempre muy crítico con los que se oponían a las dictaduras latinoamericanas que estaban cercenando los movimientos populares a base de represión y sangre, y callaban los crímenes de la Unión Soviética, China, Camboya o incluso Cuba en su afán por imponer violentamente los socialismos reales.

El P. Vélaz argumentaba con fuerza la necesidad de extender la Educación Popular para transformar las estructuras de injusticia de un modo pacífico y evitar de este modo el camino de la violencia y las guerras. Buscaba una auténtica revolución pero que no recurriera al camino de las armas, algo que le aterraba y en ningún modo podía aceptar. La idea del comunismo le daba pánico y no sólo porque justificaba todo tipo de atropellos y abusos con tal de que triunfara la revolución, sino por su carácter claramente antieclesial y antireligioso, pues más que alguna otra cosa, el P. Vélaz fue siempre un hombre de iglesia, fiel a su doctrina, y como Jesús, negador de todo lo que supusiera soluciones violentas. Por ello, siempre afirmó que la Educación Popular de Fe y Alegría se enraizaba en los valores de Jesús y su evangelio. Sus propuestas de revolución educativa o de educación liberadora tenían siempre como fundamento último el evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia. En consecuencia, se opuso siempre a esas posturas ambiguas de algunos que se autodenominaban cristianos y que incluso trabajaban en Fe y Alegría, que, en nombre de la liberación del pueblo, terminaban por aceptar los caminos violentos, o incluso proclamaban abiertamente que la lucha de clases era el camino.

Frente a los que buscaban el cambio de la sociedad ya, sin importar los medios, Vélaz optó por el largo y duro camino de la Educación Popular Integral de los pobres, para que se fueran constituyendo en sujetos de su liberación interior porque así, y sólo así, podrían contribuir a una verdadera liberación social. Frente al odio y el resentimiento, él eligió siempre el camino de la fe y la alegría. En tiempos en que ser tildado de derecha por los grupos progresistas se consideraba una ofensa, muchos grupos de izquierda, incluso de Fe y Alegría, le pusieron ese apelativo a Vélaz con lo cual desestimaron su propuesta y concepción de la Educación Popular como un medio eficaz para que el propio pueblo pudiera liberarse sin recurrir al camino de la violencia.

Pero, para reconfirmar mejor estas palabras, dejemos hablar al propio Vélaz: “Fe y Alegría nació para impulsar el Cambio Social por medio de la Educación Popular Integral. El propósito más denso de Fe y Alegría ha sido siempre contribuir a romper las cadenas más fuertes de la opresión popular mediante una Educación cada día más extensa y más cualitativa. Ese es el Cambio y la Liberación que con tenacidad hemos estado buscando de modo permanente". “La educación de todos los pobres en especial de los hasta hoy marginados será relativamente lenta pero será la más eficaz palanca para lograr una nueva sociedad”. “Sin la Educación Integral del Pueblo, la Democracia es una falsificación de la que se apoderan unos cuantos Demagogos cuyo auténtico feudo es la Ignorancia de las Masas”. “Sólo se podrá cambiar y curar tanta llaga social mediante una acción profunda, que mejorará a los seres humanos desde dentro, haciéndolos conscientes de que solamente una transformación interna autónoma y decidida traerá en largos años de educación el cambio social justo y posible”. “El camino de la libertad para Todos y por lo tanto de la verdadera Democracia, tiene que contar con un largo recorrido de muchos años de Escuela para Todos”.

Para el P. Vélaz, la gran tentación de Fe y Alegría era “creer con ridícula ingenuidad que lo que nosotros debemos y tenemos que realizar tan lentamente, hay otros genios en el mundo que lo pueden y saben hacer con facilidad”. Era también consciente de que, frente a las teorías de las vanguardias, portadoras de la única verdad que debían imponer a los demás, la verdadera revolución, el cambio genuino de la sociedad no podía venir de arriba ni de fuera del pueblo. El pueblo no es una masa manipulable que se le pueda transformar con moldes externos. La verdadera transformación de la sociedad tiene que partir de dentro. El pueblo mismo tiene que ser el protagonista de su propia liberación: “La decisión fundamental de Fe y Alegría está puesta en el campo educativo porque hemos estado siempre persuadidos de que solo el hombre elevado por la educación podrá ser el sujeto autónomo de su propia liberación integral y de su propia justicia”. “Pueblo educado es pueblo creador, lleno de iniciativa, es pueblo adulto que resuelve por sí mismo sus necesidades”.

Por otra parte, a lo largo de toda su vida, Vélaz siempre desdeñó a los teóricos que resultaban totalmente incapaces de aterrizar sus ideas en propuestas educativas significativas que empoderaran realmente al pueblo y lo hicieran sujeto de su propia transformación y de la transformación de las estructuras de opresión a nivel local, nacional e internacional.

Pienso que gran parte de las ideas y convicciones de Vélaz tienen hoy una gran validez, sobre todo si consideramos que, como ya dijimos más arriba, el colapso de los gobiernos progresistas, llamados de izquierda, que se apropiaron del discurso de la Educación Popular, y han sido barridos por la corrupción, el autoritarismo y un populismo que ha hecho del pueblo un mero cliente y ha impedido su desarrollo autónomo y ciudadano, nos obliga a una especie de nueva refundación de la Educación Popular que ponga el énfasis, entre otras, en las dimensiones ética y pedagógica que la alejen del discurso ideologizante, en el análisis del poder en todos los espacios de la vida tanto política como social y familiar, en la superación de las estructuras patriarcales de dominación, en el diálogo intercultural y la negociación que en verdad respete, valore y promueva la diversidad, y en un acercamiento más humano a la naturaleza y al desarrollo sustentable, que puede nutrirse de las corrientes ecológicas y de las filosofías y cosmovisiones de algunos grupos indígenas, en lo que se conoce como “Buen Vivir”.

La experiencia le ha dado también la razón a Vélaz en que, cuando se pretende invertir los términos y se busca prioritariamente el cambio político, sin importar los medios, la educación que después se imparte, tiene más de adoctrinamiento que de auténtica formación de sujetos autónomos. Un pueblo ignorante en cualquier contexto político siempre estará marginado, siempre será manipulado. Sólo un pueblo educado podrá ser el artífice de su propia transformación social. En consecuencia, se trata con la educación de formar: “hombres críticos, independientes y dueños de sus destinos, comprometidos en la construcción de un mundo más solidario y justo”. Hombres con “responsabilidad, personalidad, trabajo autónomo en la libertad, sentido creador basado en la confianza en sí mismos, discernimiento critico de su propio entorno”, pues “Educar es hacer hombres en plenitud, agentes de cambio social”.

No se le ocultaba a Vélaz que la liberación y superación de las estructuras injustas exigían la organización social y también la organización política. Si bien es evidente que al comienzo tuvo mucha fe en el partido socialcristiano copey, por pensar que se enraizaba en la doctrina social de la iglesia, pronto se decepcionó de él, una vez que, cuando llegó al poder, no brindó el apoyo decidido a la Educación Popular que él esperaba, ni a la verdadera transformación social. Por ello, si bien siempre se opuso a que Fe y Alegría se identificara con algunos partidos políticos, tenía claro que el protagonismo del pueblo que brotaba de una Educación Popular Integral, debía desembocar en una participación política cada vez más plena. “Solamente en la fase histórica en que el Pueblo Educado tenga poder Político se empezará a mover la balanza de la justicia hacia el fiel de la hermandad y de la equidad”.

Intentando resumir el pensamiento del P. Vélaz, podemos encontrar grandes coincidencias con los elementos esenciales de la Educación Popular pues para él, la educación de Fe y Alegría se orienta a formar hombres críticos, creativos, autónomos, capaces de pensar con su propia cabeza, de expresarse con claridad y autonomía, conscientes del mundo de injusticia en el que viven y comprometidos en su transformación. Hombres solidarios, equipados con el conjunto de actitudes y motivaciones que les impulsen a una vida de servicio a sus hermanos más necesitados. Con una voluntad disciplinada, habituada al trabajo, firme en sus principios y decidida a la acción. Con personalidad propia, capaces de autoeducarse y autopromoverse en actitud permanente de superación. Alegres, optimistas, constructivos, esperanzados, libres de resentimientos y de actitudes negativas frente a la vida. Y todo ello alimentado por una fe firme en un Dios Bueno que nos invita a vivir fraternalmente y a construir una sociedad de justicia y equidad donde los pobres y marginados son los predilectos. Y esta fe que se convierte en servicio desinteresado es fuente de una alegría inagotable.

Sólo hombres así serán capaces de transformar el mundo. ¿Acaso estas ideas no recogen lo más esencial de la Educación Popular?



[1] Para no fatigar al lector con una larga lista de citas, he optado por reproducir las palabras de Vélaz sin señalar de dónde son tomadas. Si quieren acceder de un modo más ordenado a su pensamiento pueden consultar el libro de Joseba Lazcano, “Palabras de Fe y Alegría”, editado en 2005 por la Federación Internacional de Fe y Alegría.