Más allá del desarrollo de competencias digitales


Publicado por MP | Miércoles 29 de Enero de 2020

Adultos, jóvenes, niños, todos convivimos en entornos cada vez más tecnológicos. Queramos o no formamos parte de la llamada “Era de la Información”, en la que surgen herramientas, aplicaciones y programas que hace 30 años solo creíamos posible en las historias de ciencia ficción. Y mientras los adultos luchamos por adaptarnos a los constantes cambios que trae consigo la modernidad, nuestros niños y jóvenes son capaces de acoplarse fácilmente a ella.

Generalmente creemos que por ser nativos digitales los niños y jóvenes poseen una capacidad innata para apropiarse de las TIC, sin embargo el uso de los dispositivos electrónicos no garantiza el desarrollo adecuado de las competencias digitales más básicas (navegar, buscar, analizar información). Manipular un artefacto tecnológico (celular, computador…) es apenas el primer paso para fomentar las competencias que necesitarán durante su formación y, posteriormente, para entrar en el mercado laboral o emprender un negocio personal; de ahí la adopción del anglicismo Freelancer cada vez más popular estos días, que hace referencia a la contratación de personas que trabajan por su cuenta vía web. 

En el ámbito educativo, la tecnología se ha visto tradicionalmente como un recurso que el docente integra en su planificación para facilitar el aprendizaje de sus estudiantes, ya que es capaz de ofrecerles mayores oportunidades para acceder al conocimiento y disipar las limitaciones geográficas de los centros educativos. Instituciones como las de Fe y Alegría se han propuesto incluir las TIC como un eje transversal que posibilite el aprendizaje significativo en conjunción con otras áreas,  en las que buscan promover el desarrollo de competencias para conocer, relacionarse e interactuar de forma ética y consciente.

Recordemos que la competencia es, según Perrenoud (2004), “la capacidad de movilizar varios recursos cognitivos para hacer frente a un tipo de situación”. Es decir, se trata de usar nuestros conocimientos para afrontar y resolver un problema. En la educación digital, las competencias no se limitan a saber o superar obstáculos usando nuestros conocimientos y destrezas, las competencias digitales son la articulación de esos saberes con los valores y actitudes personales, es la postura que asumimos para aprovechar al máximo las herramientas que ofrece la web sin dejar de lado nuestros principios y valores.  Fe y Alegría, por ejemplo, propone como enfoque “La computadora como herramienta”  para la aplicación de la informática en la escuela, de la que surge como competencia fundamental la aplicación de “las tecnologías de información y comunicación en la cotidianidad como un recurso que favorece su aprendizaje” (Méndez, 2016). El desarrollo de esta competencia está orientada al fomento de habilidades para el uso de los medios tecnológicos en los contextos familiares, escolares y comunitarios de sus estudiantes, así fortalecer, desde lo ético, sus saberes, experiencias de interacción, información y socialización. El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, por su parte, en el Marco Común de Competencia Digital Docente (MECD, 2017) habla de cinco áreas dentro de la competencia digital propuestas en el proyecto DigComp (Digital Competence Framework for Citizens), que abarcan desde la operatividad de los instrumentos tecnológicos, hasta la relación que los jóvenes establecen con y mediante ellos:

 Información y alfabetización informacional: tiene como propósito identificar, localizar, recuperar, almacenar, organizar, analizar y evaluar la información digital, su finalidad y relevancia.

Comunicación y colaboración digital: se trata de comunicarse dentro de espacios digitales: conectar, interactuar y participar en comunidades virtuales con otros;  compartir por medio de la red recursos y herramientas; y promover una consciencia intercultural.

Creación de contenidos digitales: consiste en crear y editar contenido digital, programar contenido multimedia y aplicar los derechos de propiedad intelectual y las licencias de uso.

Seguridad digital: busca proteger la identidad digital (información y datos personales), aprender las medidas de seguridad y usar responsablemente los recursos y herramientas digitales.

Resolución de problemas: identificar y decidir las herramientas digitales más adecuadas para solventar una necesidad, resolver problemas conceptuales y técnicos a través de medios digitales, usar de forma innovadora las tecnologías y actualizar su propia competencia y la de otros.

Desde cualquier perspectiva, la apropiación de competencias digitales será posible si y solo si los niños y jóvenes desarrollan primero un sentido crítico de la información y, luego, cómo interactúan con ella, que sepan diferenciar su calidad y veracidad, que puedan comprobar la fuente de origen; porque así como existen una infinidad de sitios web sobre un tema, también hay portales de procedencia dudosa que promueven los llamados fake new, que solo hacen abrumar a los internautas con falsa información.

La idea, por tanto, no solo es que aprendan a navegar en la web y aprovechar sus recursos, sino que sean autónomos en la búsqueda de información. Incluso, si hablamos de las dificultades que tienen muchos estudiantes y centros educativos para acceder a las TIC y redes sociales, aun es preciso fomentar una actitud crítica ante la búsqueda de la información sin importar el formato en el que se presente. Para esto Prat y Márquez (2012) proponen tres momentos fundamentales básicos que guían este proceso, con el fin de evitar la elaboración de documentos a base de cortar y pegar.

Antes de la búsqueda: consiste en activar los saberes previos. El niño o adolescente debe saber lo que  buscará en internet y preguntarse cuál es la mejor manera de acceder a esa información: buscadores, webs, portales, palabras clave.

Durante la búsqueda: el niño o adolescente debe hacerse una representación mental de la estructura que está siguiendo, los enlaces que ha consultado y los que debe hacer. Repasar la información que ha encontrado, las webs de interés que, a pesar de que no las buscaba, pueden serle útiles. Validar de manera crítica de la información. Conocer las diversas formas de almacenar las web de interés en el ordenador o bien utilizando sistemas tradicionales, como por ejemplo lápices y papel.

Elaboración de documento nuevo: posteriormente, el niño o adolescente debe diseñar un esquema para organizar la información multimodal de la que se dispone. Puede ser útil empezar escribiendo unas frases que correspondan a los diferentes apartados del documento e ir llenándolas con ideas e imágenes que provengan de las diferentes webs consultadas. Una vez acabado el documento, tiene que evaluar el resultado y reflexionar sobre lo que ha aprendido.

No está demás decir que la manera de garantizar el aprendizaje significativo de las competencias digitales está en la aplicación estratégica de las tecnologías; esfuerzo que parte, en primer lugar, de los centros educativos y, sucesivamente, de los docentes. El Estado, las fundaciones o cualquier ONG podrán crear los programas de alfabetización digital que quieran (ejemplo de ello es la dotación que el gobierno ha hecho a las instituciones con el Programa Canaima Educativo), pero si la institución educativa no aprovecha los recursos que les son dados e, incluso, infravalora los medios digitales como otros “aparatos electrónicos” seguiremos teniendo en nuestras aulas analfabetas digitales-funcionales.

 

 

Por: Verónica Cubillán

vjcubillan@gmail.com | @Vj_Cubillan

Centro de Formación e Investigación "Padre Joaquín"

Bibliografía

MECD (2017). Marco Común de Competencia Digital Docente. España: INTEF.

Méndez Méndez, E. (2016). La Educación Popular en el aula. Guía didáctica para la enseñanza y el aprendizaje de las competencias fundamentales. Quinto grado. Venezuela: Fe y Alegría.

Perrenoud, Ph. (2004). Desarrollar la Práctica Reflexiva en el Oficio de Enseñar. Barcelona, España: Editorial Grao.

Prat, A. y Márquez, C. (2012). Las búsquedas en Internet: más que saber leer. En A. Abadía y otros, Escuela y cultura digital (61-71). Barcelona, España: Editorial GRAO.