Primera sesión presencial en un programa de Educación para personas jóvenes y adultas. Reflexiones de una facilitadora voluntaria


Publicado por MP | Lunes 28 de Octubre de 2019

Llueve en Maracaibo desde la madrugada. 21 participantes de Educación Media del Programa de Educación para personas jóvenes y adultas del Instituto Radiofónico Fe y Alegría (IRFA) y seis facilitadores se dirigen a su Centro Comunitario de Aprendizaje (CCA). Todos y todas, con excepción de dos, llegan a pie o de pasajero, venciendo las dificultades que enfrentamos diariamente para conseguir gasolina o un transporte público en la ciudad y, a pesar de la realidad económica, social y política que vivimos, dos participantes: una joven con discapacidad motora y otro chico llegan casi al final del encuentro. “Muy difícil llegar con la lluvia; pero acá estamos”. En total, 21 participantes de los 25 inscritos -hasta ese día- en un CCA que el año pasado en esta época tenía una matrícula de 100 participantes.

Es la primera tutoría del II período 2019. Inicia el encuentro el coordinador del CCA, quien es facilitador voluntario desde hace 27 años. El lugar: un salón cómodo de un colegio privado que, en el año 1992, cedió sus espacios los sábados para que personas jóvenes y adultas pudieran estudiar. Los y las participantes que llegaron temprano (16 jóvenes menores de 25 años, una adulta y dos adultos mayores) expresan sus expectativas y metas: todos y todas quieren terminar su grado de bachiller. También señalan otras metas: uno quiere ser chef, otro ser policía, aquel ser Guardia, el otro ser beisbolista, otra repostera, una desea trabajar en un centro de salud, seis aspiran a iniciar una carrera universitaria: Ingeniería en computación, Veterinaria, Administración, Recursos Humanos, Derecho, Educación; solo tres participantes manifiestan que quieren irse del país cuando terminen su Educación Media. La única adulta mayor del grupo es obrera en un preescolar y quiere estudiar para trabajar con los niños y niñas. Uno señala: “no quiero decir que haré porque después no se me da. Veremos qué pasa”.

Nos presentamos los seis facilitadores: cinco somos mayores de 55 años y  estamos allí como voluntarios. Todos y todas hablamos con mucho entusiasmo: “los invito a inscribirse en el taller de escritura que ofreceremos este semestre, aprenderemos a escribir poesía y otros textos”, “continuaremos con los proyectos de emprendimiento”, “estamos acá para apoyarlos, no se queden con dudas”.

Estos participantes y facilitadores del IRFA nos dan un claro ejemplo de resiliencia, entendida como la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos” (RAE, 2018). De manera que la resiliencia nos permite asumir con flexibilidad los riesgos y las adversidades para enfrentarlas y superarlas. ¿Cómo desarrollamos en nuestros participantes esta capacidad tan importante para comprender y transformar la realidad que nos golpea? En mi experiencia como facilitadora de Educación Primaria del IRFA, la propuesta de formación en valores humano-cristianos de Fe y Alegría Venezuela ha sido un referente importante en este aspecto, lo que implica centrarnos en el conocimiento personal, la relación con los demás, la relación con el entorno socionatural y la espiritualidad (García, 2014).

Para ello, utilizo la reflexión personal y el diálogo como estrategias; de manera que en cada sesión presencial, los participantes reflexionen sobre sus metas, avances, dificultades, potencialidades, cualidades, gustos, intereses, emociones o sentimientos ayudándolos a valorarse a sí mismos, a definir su proyecto de vida y asumir compromisos de cambio para avanzar y mejorar. Ejemplos de preguntas que han ayudado en esta formación: ¿qué metas tienes para este semestre?, ¿qué vas a hacer para alcanzarlas?, ¿qué dificultades se te presentaron al buscar información sobre el tema del proyecto?, ¿qué hiciste para superarlas?, ¿cómo te sentiste durante el encuentro deportivo?, ¿qué aprendiste en el trabajo grupal?, ¿qué vas a hacer la próxima vez que te encuentres en una situación similar?, ¿qué nuevas tareas familiares vas a asumir en tu hogar a partir de lo reflexionado?, ¿cuáles de los conflictos que enfrentas (en el CCA, hogar, trabajo…) te afectan más?, ¿qué cambios vas a introducir en tu manera de comunicarte para enfrentar los conflictos que te afectan actualmente?, ¿qué necesitas perdonar?, ¿qué acciones de servicio vas a emprender en tu comunidad para atender el problema detectado?, ¿de qué manera fomentas la unión en tu entorno?, ¿qué podrías decirle a la persona que te hirió o causó tristeza?

Como vemos, la capacidad de resiliencia forma parte de la formación en valores, la cual se integra en las actividades cotidianas del CCA fomentando el silencio, la reflexión, la meditación, el encuentro personal y la acción comprometida con los demás y el entorno.

Otro aspecto que me genera reflexión en el encuentro es el cambio del perfil del participante en nuestro Programa de Educación de personas jóvenes y adultas. La primera vez que fui facilitadora en el IRFA en el año 1986, mis participantes eran personas adultas que habían abandonado la escuela pública en los primeros años de escolaridad o que habían terminado la Primaria y deseaban obtener su certificado de bachiller, y una gran parte de los facilitadores éramos jóvenes estudiantes universitarios. Treinta años más tarde, en el 2016, encontré que la mayor parte de los participantes eran jóvenes menores de 25 años que abandonaron la escuela pública o que nunca asistieron a una escuela. Hoy, en el 2019, el perfil juvenil del participante se mantiene y empezamos a atender estudiantes menores de 20 años provenientes de pequeñas escuelas privadas, mientras que los facilitadores son, en su mayoría, personas adultas. Así mismo, cada vez se suman más estudiantes con discapacidad que jamás fueron atendidos por la escuela regular, pública o privada. Todos y todas tienen algo en común: las ganas inmensas de aprender y seguir adelante, a pesar de la adversidad.

Ante lo planteado y considerando que una educación inclusiva y equitativa de calidad para todas las personas es fundamental en la lucha contra la pobreza, dejo en el aire una pregunta para la reflexión: ¿cómo las universidades, los centros de formación de docentes, los educadores y educadoras nos preparamos para atender a una población resiliente que está ávida de aprender?

 

Como presencia en la historia y en el mundo, lucho esperanzadamente por los sueños, por la utopía, por la esperanza... Y mi lucha no es en vano”. Paulo Freire

 

Por Marielsa Ortiz Flores

Facilitadora IRFA Occidente

 

Referencias bibliográficas

 

García, B. (2014). La educación popular en el aula. Guía didáctica para la enseñanza y el aprendizaje de las competencias fundamentales. Segundo grado. Caracas, Venezuela: Fe y Alegría. Disponible en: https://es.scribd.com/document/368756915/2do-Grado-Guia-Didactica

 

Real Academia Española (2018). Diccionario de la lengua española. Disponible en: https://dle.rae.es/?id=WA5onlw